La ecolocalización

La semana pasada nos centramos en los delfines y en su lenguaje. Una de las piezas importantes para entenderlos es la ecolocalización,  un sistema que ha ido evolucionando y que les permite ver sin observar. Tras haber profundizado y conocido mejor a esta especie en el post de la semana pasada, vamos a tratar una de sus características principales y que emplean para una gran cantidad de funciones, la ecolocalización.

 

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Los delfínidos llevan empleando la ecolocalización desde hace millones de años

Como hemos citado anteriormente los delfines emplean la ecolocalización para diferentes funciones como la caza, la comunicación o la orientación. Este mecanismo también es empleado por otras especies que casi no se ayudan de la vista, como el murciélago que caza y se desplaza durante la noche con ausencia de luz. Pero, ¿qué es exactamente la ecolocalización? La ecolocalización, también llamado biosonar, fue descubierta por el biólogo Donald Griffin en 1938 mediante el estudio de los murciélagos. Es la capacidad que tienen algunos animales de reconocer el entorno en el que se encuentra gracias a la emisión de sonidos. Las ondas producidas rebotan en los objetos y vuelven en forma de eco para ofrecer información que recrea en su mente. Gracias a este mecanismo el animal tiene un mapa en su cerebro de los objetos que se encuentran en su área. De esta manera, sabe si lo que se encuentra en frente es una roca y ha de esquivarla, o por el contrario, se trata de un animal y puede ser comida en potencia. Pero, además los delfínidos también emplean este método para comunicarse e intercambiar información entre diferentes miembros.

 

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El Melón es un órgano fundamental a la hora de realizar la ecolocalización

Ya que en este post estamos tratando los delfines, vamos a comprender como este gran grupo realiza la ecolocalización. El primer paso es la emisión de las ondas, estos impulsos sonoros son realizados empujando el aire por unos labios denominados fónicos y por el melón, un órgano graso situado encima de su hocico y justo debajo del espiráculo. A medida que varía la forma de este órgano llamado melón, puede orientar y dirigir el haz de ondas sonoras hacia la dirección que necesite.
Una vez que los impulsos sonoros en forma de onda han salido del delfín estos rebotan en los objetos sólidos, por ejemplo un pez. Tras topar con el pez y volver al delfín, las ondas son captadas por una cavidad rellena de tejido adiposo acústico situada en la parte inferior de la mandíbula y muy parecida al melón. Entonces el eco recibido pasa por el oído medio y por el nervio auditivo hasta llegar al cerebro. Es en ese preciso momento cuando esa información es interpretada por nuestro protagonista. Éste forma una recreación mental de lo que el sonar ha captado. De esta manera puede saber qué es lo que se encuentra enfrente, qué tamaño y composición tiene y si es comestible o no.

 

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El murciélago tambíen hace uso de este mecanismo para poder orientarse durante la noche

Tal es la capacidad que dispone este radar animal que puede localizar objetos a una distancia de 800 metros. Además, también puede saber lo que otro delfín está observando, lo único que ha de hacer es interceptar el sonar del otro delfín e interpretar esa información. Es como una especie de telepatía entre delfines, salvando las distancias, por supuesto. Además del delfín y del murciélago existen otras especies que hacen uso de este método como el cachalote, o aves que han de desplazarse por oscuras cuevas donde no entra la luz como el guácharo o los vencejos y salanganas. Pero, el hombre también es otro de los animales que ha aprendido a emplear la ecolocalización. Los barcos y submarinos usan el mismo principio gracias a potentes mecanismos creados por nosotros.

 

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Los cetáceos, como el mastodóntico cachalote, también emplean el biosonar

Tal es la potencia y uso práctico que este método tiene que incluso nosotros, los humanos, hemos aprendido a emplearlo. Sin embargo, especies como el delfín llevan millones de años utilizándolo. Por este motivo, y por muchos otros, debemos estudiar y conocer mejor a este gran grupo de animales inteligentes. Tan inteligentes son, que algunos de los biólogos marinos más expertos los definen como el ser humano de los mares.

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