El nuevo eslabón se llama Laia

Hace algunas semanas hablábamos de Spinolestes, un mamífero que vivió hace 125 millones de años junto con los dinosaurios. Esto ha supuesto un gran descubrimiento, ya que nunca se había conseguido obtener restos de partes de tejidos blandos tan antiguos en tan buen estado. Lo que ha aportado luz para saber cómo vivían aquellos mamíferos antepasados nuestros. El hallazgo tuvo lugar en el yacimiento de Las Hoyas, en Cuenca. Pues bien, de nuevo la península ibérica vuelve a ser protagonista por un descubrimiento de gran importancia. En este caso el hallazgo ha tenido lugar cerca de Barcelona y algunos los han catalogado como el “eslabón perdido´´ conocido como Laia, cuyo nombre científico es Pliobates Cataloniae.
Comencemos por el principio. ¿Qué es lo que se ha podido encontrar? Se trata, nada más y nada menos, que de uno de los últimos ancestros comunes que hubo entre los monos y homínidos. Hasta ahora se creía que tanto los monos, es decir simios de escaso tamaño como los gibones, como los homínidos, grandes antropomorfos como el gorila y el orangután, compartíamos un ancestro común de tamaño medio, que pesaba unos 40 kg y era parecido a los chimpancés. Pero gracias al último descubrimiento, esta teoría que tenía más de medio siglo se ha ido al traste. La culpable es Laia, un primate que vivió hace la increíble edad de 11,6 millones de años en la península ibérica y que no pesaba más de cinco kg.

Laia

Este era el aspecto de Laia, según las reconstrucciones realizadas

¿Y por qué es tan importante este descubrimiento? Desde siempre el hombre ha intentado comprender cómo ha sido la evolución que nos ha convertido en lo que somos, y cuáles han sido nuestros antepasados. Por este motivo es tan importante, ya que Laia aporta un gran número de conocimientos. Hasta el punto de trastocar todo lo que la comunidad científica creía hasta ahora. Salvador Moyà, director del Instituto Catalán de Paleontología, lo explica con las siguientes palabras: “Laia rompe con todo lo asentado desde hace 40 y 50 años, ya que todos los restos que componen el actual registro fósil indicaban que el antepasado común entre monos y humanos se parecía más a un chimpancé que a un gibón.´´ Es decir, antes se creía que procedíamos de simios de tamaño medio, ahora sabemos que no es así. David Maria Alba, investigador del estudio comenta que “hasta la descripción de Pliobates, todos los simios fósiles de tamaño pequeño, de entre 5 y 15 kg, que se habían encontrado tenían una estructura corporal demasiado primitiva para tener una relación de parentesco estrecha con los homínidos actuales. Este hallazgo lo trastoca todo.´´

Craneo Laia

El cráneo de nuestra protagonista, que ha trastocado los conocimientos asentados

En resumen, se trata de un descubrimiento tan importante ya que antes se creía que nuestro pasado común con los monos era un pariente parecido al chimpancé de unos 40 kg. Ahora sabemos que esto no es así, actualmente se tiene constancia de que nuestros antepasados eran simios de pequeño tamaño y no de un tamaño medio como se pensaba. Los restos, que han sido encontrados en el yacimiento de Can Matas en Hostalets de Pierola, se componen de una parte del brazo izquierdo, el cráneo y dientes. Puede parecer poco material. Pero gracias a los análisis de las partes del brazo, como las articulaciones del codo y la muñeca, o la articulación entre húmero y radio, podemos ver ciertos rasgos evolutivos parecidos a los primeros diseños de los homínidos. Es decir, que Laia ya tenía características semejantes a nosotros. Por este motivo, se ha podido saber que se trata de un antepasado, solo que con más de once millones de años. Además, analizando sus restos óseos se ha podido saber que vivían en bosques frondosos en los cuales había una fauna variada con castores, ardillas y ciervos entre otros herbívoros. También sabemos que este tipo de mono era buen trepador y solía pasar gran parte de su tiempo en las ramas.

Gibon

Aspecto de los Gibones actuales de apariencia semejante a Laia

Pero aquí no acaban los descubrimientos. Analizando la parte del esqueleto de la parte posterior del cráneo se ha podido descubrir que su locomoción era lenta. Dicho en otras palabras, que se desplazaba de forma pausada a la hora de trepar. Tenía una gran flexibilidad e incluso era capaz de colgarse de las ramas, como hoy en día hacen una gran cantidad de monos de pequeño y gran tamaño. En cuanto a su cerebro, poseía una capacidad parecida a la de los monos actuales, aunque inferior a la de los grandes simios con forma humana. Incluso analizando los restos de comida en los dientes se ha podido saber que su dieta se basaba en fruta. Con estas palabras lo explican los investigadores “el estudio de las marcas microscópicas dejadas por los alimentos en la superficie masticatoria de los dientes poco antes de la muerte indican una dieta esencialmente frugívora, es decir, basada principalmente en frutos maduros y blandos, como en los gibones actuales´´.
Si antes hablábamos del cometa Chury como de una cápsula del tiempo, lo mismo sucede con los dientes de Laia. No deja de fascinarme, ver como los restos, de lo que fue la última comida en vida de este antepasado se han conservado entre su dentadura ¡durante más de once millones de años! Las frutas de las que se alimento en los últimos momentos de su vida han permanecido escondidos durante todo este tiempo entre sus dientes, esperando a ser descubiertos y analizados por nosotros, sus descendientes, al cabo de más de 11,6 millones de años. Personalmente, para mí esto es fascinante.

Pau

Así debió ser la apariencia de Pau, Pierolapithecus Catalaunicos

Ahora sabemos que este yacimiento situado cerca de la ciudad Condal es único. Se trata de uno de los lugares de mayor relevancia de todo el planeta a la hora de estudiar nuestro origen y pasado. El motivo es que en los últimos trece años se han podido encontrar restos de diferentes fósiles de primates de hace entre 12,5 y once millones de años. Entre los restos encontrados hace años destacan los de Pierolapithecus Catalaunicus, cuyo nombre vulgar es Pau, o el cráneo de Anoiapithecus brevirostris, apodado Lluc. Los restos de Pau y Lluc han aportado mucha información sobre aquellos pequeños monos. Pero gracias al análisis de Laia ahora podemos ir un paso más atrás en el tiempo.

Lluc

Otro de los descubrimientos encontrados en la excavación, apodado Lluc

Ahora sabemos que nosotros, Homo Sapiens, procedemos de simios de pequeño tamaño y no de antepasados de unos 40 kg semejantes a los chimpancés actuales. Lo que hasta hace poco se daba por hecho, ha cambiado en un suspiro. Todavía quedan muchas incógnitas sobre nuestro pasado cómo especie. Un camino fascinante queda por recorrer si queremos saber cuáles han sido los pasos de nuestra evolución. Y, de nuevo, la península ibérica vuelve a ser protagonista en descubrimientos punteros al mostrarnos tesoros incalculables  de un valor sorprendente.

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