En busca de otra Tierra

Seguimos con la temática de astronomía. Aunque este post también tiene una parte de antropología, ya que en él hablaremos sobre el homo sapiens y su posible futuro como especie.

Seguramente alguno de nuestros avezados lectores ya tiene cierto conocimiento sobre el tema que hoy nos atañe. La búsqueda de otro planeta el cual poder llamar hogar. Sin duda, se trata de algo que puede parecer de ciencia ficción, nada más lejos de la realidad. Esta tarea se está llevando a cabo desde hace escasos años por un gran número de astrónomos, mediante el uso de sofisticados programas y telescopios, entre ellos el ya conocido Kepler. Pongámonos en situación.

A grandes rasgos existen dos posiciones dentro de la comunidad científica. La primera defiende que nuestro futuro como especie se encuentra fuera de nuestro planeta natal, la Tierra. El motivo es la sobreexplotación de recursos, los cuales no son siempre ilimitados, la contaminación o el hecho de que nuestra población no cesa de aumentar. Por otra parte, existe una segunda postura que argumenta que con la llegada de la tecnología aumenta la producción y la productividad de los cultivos y la ganadería. O que si pudiéramos juntar a todas las personas del planeta en un mismo punto, no ocuparían una superficie mayor que la de algún estado de gran tamaño de EEUU. Podríamos ahondar sobre estos puntos durante largo rato, pero este no es el tema que nos ocupa. Simplemente se trata de una pequeña contextualización con la cual ayudar a posicionar a nuestro lector, para lo que a continuación nos aguarda.

La Tierra vista desde el espacio

La Tierra vista desde el espacio

Así pues vamos a profundizar en ese posicionamiento que aboga por buscar un segundo hogar. Al igual que ya han hecho un gran número de profesionales, instituciones y universidades que prefieren no quedarse de brazos cruzados ante lo que, a la postre, puede llegar a ser una problemática de gran peso. Actualmente existe un gran número de proyectos en búsqueda de exoplanetas habitables. Un exoplaneta no es más que cualquier planeta que se encuentre más allá de nuestro Sistema Solar. Esta incesante búsqueda comenzó en 1995, en ese año Michael Mayor y Didier Queloz, de la Universidad de Ginebra, encontraron el primer planeta cercano a una estrella de cualidades parecidas a la nuestra. Sin embargo, sus condiciones no eran las apropiadas para albergar vida humana. Esto nos lleva a plantearnos una pregunta con gran cantidad de variables: ¿qué condiciones debería tener nuestra nueva Tierra para poder ser poblada?

Hallar planetas exteriores a nuestro sistema solar no es una tarea sencilla. Sin embargo, ese es solo el primer paso. Si queremos poblar un planeta deben darse una serie de variantes que ayuden al sustento de la vida. Estos son los principales puntos a tener en cuenta.

Debemos puntualizar que las condiciones que citaremos hacen referencia a patrones relacionados con la existencia de vida humana. Es decir, es posible que exista vida de microorganismos pero ello no implica que nosotros podamos subsistir en tales condiciones.

-Zona de habitabilidad

Dependiendo del poder calorífico de cada estrella la zona de habitabilidad varía. Si estamos demasiado cerca el calor extremo imposibilita el desarrollo de la vida. Si el exoplaneta está demasiado alejado la temperatura será muy baja. Entre ambos puntos se encuentra la zona habitable, es decir, una temperatura templada que propicie que haya vida. Observemos nuestro sistema solar: Venus está en una zona demasiado caliente y sus temperaturas no son aptas para la vida que conocemos. Por el contrario, Marte se haya demasiado lejos y sus temperaturas son muy bajas. Justo entre Venus y Marte nos encontramos nosotros. Así pues, la Tierra se halla en esa famosa zona habitable.

Zona de habitabilidad en nuestro sistema solar

Zona de habitabilidad en nuestro sistema solar

-Planeta rocoso

Otro factor importante es la composición del planeta. De nada sirve encontrar planetas habitables pero que no sean rocosos, o que estén cubiertos de mares gigantescos de otras sustancias, ya sea agua o no. El hombre necesita suelo firme para poder desarrollar su actividad. Por tanto, planetas gaseosos como Júpiter son descartados continuamente por los buscadores.

-Tamaño y atmósfera

Ambos patrones se encuentran altamente ligados, aunque pueda no parecerlo. Los científicos defienden que nuestro segundo hogar debe tener un tamaño entre 1 y 5 veces el de la Tierra. ¡Y no por capricho! Si pudiéramos pisar un planeta de tamaño muy inferior al nuestro seguramente no duraríamos más que unos segundos o escasos minutos. ¿El motivo? La ausencia de capa de ozono. Si un cuerpo celeste es demasiado pequeño su poder gravitatorio también lo será, y como consecuencia no será capaz de evitar que su atmósfera se vaya perdiendo debido, bien a los vientos solares, bien a su movimiento de traslación. Un claro ejemplo es Marte, debido a su tamaño ha ido perdiendo su atmósfera poco a poco, dando como resultado la imposibilidad de la vida en él. En caso contrario tenemos a Júpiter. Su gran tamaño facilita la existencia de una atmósfera, sin embargo debido a ese tamaño su presión atmosférica es tal que nos aplastaría nada más adentrarnos en él.

-Existencia de agua líquida

No hace falta explicar que para la subsistencia de la vida conocida necesitamos de agua en estado líquido. A su vez, este punto está altamente ligado a la zona de habitabilidad. En un planeta demasiado cálido el agua se evapora, por el contrario, en planetas demasiado alejados el agua se encuentra en estado sólido, el hielo. Como siempre pueden existir excepciones, tal es el caso del satélite de Júpiter, Europa. Dicho cuerpo se encuentra demasiado lejos del sol, por lo que en su superficie toda el agua se encuentra congelada. Aunque según diversos análisis tras esa gruesa capa de decenas o incluso centenares de metros se encuentra agua en estado líquido. En la Tierra se produce una circunstancia semejante, en las profundidades oceánicas existe vida a pesar de su baja temperatura. ¿Por qué? Por la existencia de fosas termales que aumentan la temperatura del agua que las rodea. Gracias a este factor es posible ver comunidades de organismos que subsisten. Por el contrario, si nos alejamos demasiado de esas fosas termales, la vida desaparece. ¿Acaso no podría estar sucediendo lo mismo en las profundidades de Europa u otros planetas?

-Rotación y traslación

He aquí otro factor de gran importancia. De nada sirve si damos con planetas que cumplan las características citadas anteriormente, si su rotación o translación son incorrectos. Si en su movimiento de traslación un exoplaneta describe una órbita muy amplia, de nuevo nos encontramos con problemas. Un planeta que, aun estando en zona habitable, se acerque demasiado o se aleje mucho de su estrella hará difícil su población. La causa es que nos veríamos sometidos a cambios térmicos demasiado drásticos. Algo semejante sucede con el movimiento de rotación, este movimiento es el causante del día y la noche. Existen cuerpos celestes que prácticamente no sufren traslación, lo cual repercute en que la luz de su estrella siempre incide sobre la misma cara del planeta. Esto produce temperaturas altísimas en gran parte de su superficie. Por otro lado, la parte que se mantiene siempre a la sombra se ve sometida a temperaturas mucho más frías, ya que nunca le llegan rayos solares. Además en la parte donde siempre incide la luz la radiación de los rayos puede llegar a ser muy alta.

Algunos de los potenciales planetas habitables

Algunos de los potenciales planetas habitables

Estas son algunas de las principales variables que maneja la comunidad científica a la hora de buscar un nuevo hogar. Ello no quiere decir no que existan más varemos, pero hemos preferido incidir solo en los principales para hacer ver a nuestro lector cuán difícil es la terea que miles de científicos tienen entre manos. En la actualidad se han encontrado más de 2.000 exoplanetas, una veintena de los cuales se encuentran en zona habitable. Pero como hemos podido ver, con eso no basta. Mientras escribimos estas líneas algunas de las mentes más portentosas continúan la búsqueda de un planeta al que poder llamar hogar. Es complicado prever cuál será nuestro futuro como especie, ¿será en la Tierra o fuera de ella? Solo por si acaso, algunos ya han comenzado esa odisea.

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